¿Por qué el feminismo radical?

Existen muchas ramas del feminismo. El feminismo radical apunta a la raíz causal de la crisis que afecta a las mujeres: el sistema de violencia que mantiene a las personas divididas por el sexo con una clase dominante (hombres) y una clase oprimida (mujeres).

Este sistema de violencia es llamado patriarcado, y durante los últimos dos mil años ha gobernado a la mayoría del mundo. La civilización patriarcal se basa en la explotación y consumo de mujeres, comunidades vivas, y la tierra en sí misma.

Las feministas radicales tratan de liberar a todas las mujeres de la opresión. Apoyamos a las mujeres que resisten a la violencia masculina en todas sus formas, incluyendo la violación, la pornografía, la prostitución, el infanticidio de niñas, y los nacimientos forzosos. Estamos desmantelando la misoginia (odio a las mujeres), la biofobia (miedo y odio a la naturaleza), y la lesbofobia (miedo y odio a las lesbianas).

Las feministas radicales en DGR están comprometidas a derrocar esta cultura patriarcal brutal en defensa de la tierra, la fuente de vida; y de nuestras hermanas, las mujeres alrededor del mundo.

¿Acaso las feministas radicales quieren un mundo dominado por mujeres?

Dee Graham aborda esto en su libro Loving to Survive (Amar para Sobrevivir) (página 243):

Mientras que el patriarcado imagina al matriarcado como un tema de inversión en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, el matriarcado requiere el rechazo del pensamiento dicotómico en el cual esta basada la fantasía masculina. El matriarcado es una forma completamente diferente de organización que el patriarcado, enfatizando lo que Miller describe como “poder con” en lugar de “poder sobre”. Love y Shanklin definen al matriarcado como una sociedad en la que las relaciones interpersonales están modeladas en relaciones nutritivas y de cuidado entre una madre y su hijo. De acuerdo a estos autores este modo de cuidado nutritivo orientaría todas las instituciones sociales. El objetivo de la relación de cuidado nutritivo sería fortalecer “la voluntad única de cada individuo de formar lazos abiertos, de confianza y creativos con otros”.

¿Por qué algunas personas nos acusan de transfobia?

El Feminismo Radical ha sido acusado de transfobia porque tiene una opinión diferente sobre la definición de género.

No aprobamos la deshumanización o violencia contra ninguna persona, incluyendo personas que se describen a sí mismas como trans. Los derechos humanos universales son universales.

Sin embargo, estar en desacuerdo con alguien no es una forma de violencia. Y tenemos un gran desacuerdo.

Las feministas radicales son críticas al género en sí mismo. No somos reformistas del género—somos abolicionistas del género. Sin los roles de género socialmente construidos que constituyen la base del patriarcado, todas las personas serían libres de vestirse, comportarse, y amar a otras en la forma en que desearan, sin importar la clase de cuerpo que tuviesen.

El patriarcado es un sistema de castas que toma humanos que nacieron biológicamente varones o hembras y les convierte en clases sociales llamadas hombres y mujeres. Los varones se convierten en hombres mediante la socialización en la masculinidad, que definida por la psicología está basada en la insensibilidad emocional y en la dicotomía del yo y el otro. Ésta es también la psicología requerida para soldados, razón por la cual no creemos que puedas ser un activista de la paz sin ser feminista.

La socialización de las mujeres en el patriarcado es un proceso de restricción y ruptura psicológica de niñas—también llamado “acicalamiento”— para crear una casta de víctimas complacientes. La feminidad es un conjunto de comportamientos que son, en esencia, una sumisión ritualizada.

En la creación del género no vemos nada digno de celebrar o aceptar. El patriarcado es un acuerdo de poder corrupto y brutal, y queremos verlo desmantelado de manera que la categoría de género deje de existir. Esa es también nuestra posición en la raza y la clase. Esas categorías no son naturales: sólo existen porque sistemas de poder jerárquicos las crearon (véase por ejemplo, el libro de Audrey Smedley Race in North America). Queremos un mundo de justicia e igualdad, donde las condiciones materiales que actualmente crean a la raza, la clase, y el género sean superadas para siempre.

El patriarcado facilita la extracción de los cuerpos de las mujeres para el beneficio de los hombres—para la gratificación sexual masculina, para mano de obra barata, y para la reproducción. Por tomar un ejemplo, hay pueblos enteros en la India donde todas las mujeres poseen sólo un riñón. ¿Por qué? Porque sus esposos han vendido el otro. El género no es un sentimiento—es un abuso a los derechos humanos de una clase entera de personas, “personas llamadas mujeres.”[1]

No somos “transfobicas”. Sin embargo, si tenemos un desacuerdo sobre lo que es el género. Los generistas piensan que el género es natural, un producto de la biología. Las feministas radicales pensamos que el género es social, un producto de la supremacía masculina. Los generistas piensan que el género es una identidad, un conjunto interno de sentimientos que las personas pueden tener. Las feministas radicales pensamos que el género es un sistema de castas, un conjunto de condiciones materiales en las que una nace. Los generistas piensan que el género es binario. Las feministas radicales pensamos que el género es jerárquico, con los hombres en la cima. Algunos generistas reclaman que el género es “fluido.” Las feministas radicales advertimos que no hay nada fluido en que tu esposo venda tu riñón. Así que, sí, tenemos algunos grandes desacuerdos.

Las feministas radicales también creen que las mujeres tienen el derecho de definir sus límites y decidir a quién se le permitirá la entrada a sus espacios. Creemos que todos los grupos oprimidos tienen ese derecho. Hemos sido llamados transfóbicos porque las mujeres de DGR no quieren hombres—personas nacidas varones y socializadas en la masculinidad—en espacios sólo para mujeres. DGR apoya a las mujeres en esa decisión.

¿A qué se refieren las Feministas Radicales cuando usan el término “género”?

1. “El Final del Género” charla de la Conferencia de DGR 2013

2. Charlando Acerca del Género

3. ¿Quién Posee Género?

¿Es el Feminismo Radical esencialista?

No, definitivamente no. El esencialismo es la idea de que el género es biológico, no social. Como que los chicos son naturalmente agresivos e intrépidos, mientras que las chicas son cariñosas y emocionales. El comportamiento genérico es atribuido a estructuras cerebrales, hormonas, o el nacimiento.

Las feministas han luchado contra el esencialismo desde el inicio. El esencialismo biológico ha sido usado para excusar todo desde la exclusión de las mujeres a la educación hasta la violencia sexual de los hombres. Aquellos en el poder necesitan naturalizar su dominio y la sumisión de los grupos subordinados: si la sociedad realmente está organizada por la naturaleza o dios o el cosmos, entonces no tiene sentido hacerle frente. La ideología del esencialismo puede ser muy eficaz en anular la posibilidad de resistencia.

Piensa en la raza. La raza no es biológicamente real. Políticamente, socialmente, económicamente, la raza es, por supuesto, una realidad brutal alrededor del mundo. El concepto de raza, sin embargo, es una creación de los poderosos. Si queremos un mundo justo, las instituciones materiales que mantienen a las personas de color subordinadas necesitan ser desmanteladas. Y los conceptos de “blanquitud” y “negritud” en sí mismos serán finalmente abandonados pues no tendrán sentido fuera de las realidades de la supremacía blanca.

Muchas personas se confunden cuando quieren aplicar el mismo análisis radical al género. Pero desde una perspectiva feminista, el paralelismo es obvio. ¿Existen esas diferencias en el tono de piel a través de la especie humana? Sí. ¿Por qué estas diferencias significan algo? Porque un acuerdo de poder corrupto y brutal necesita una ideología llamada racismo. ¿Existen esas diferencias en la forma de los genitales de las personas? Sí. ¿Por qué estas diferencias importan? Porque un acuerdo de poder corrupto y brutal—patriarcado—necesita una ideología llamada género.

El patriarcado es un sistema político que toma a varones y hembras biológicas y les convierte en categorías sociales llamadas hombres y mujeres, para que la clase de hombres pueda dominar a personas llamadas mujeres. El género es a las mujeres lo que la raza es a las personas de color: una construcción ideológica que subyace a nuestra subordinación.

Así que estamos firmemente en contra de la noción de que el género es biológico. De hecho, son los generistas quienes hacen reivindicaciones esencialistas del género. Desde su punto de vista, hombres y mujeres muestran dominación y sumisión respectivamente, no debido a condiciones sociales, sino porque tenemos cerebros diferentes. El comportamiento genérico es natural, dicen, una función de nuestra biología. Dicen con frecuencia que hormonas prenatales crean estas propensiones, y que las hormonas “incorrectas” pueden producir el cerebro “incorrecto”. Por lo que es posible tener un cuerpo de hombre con un cerebro de mujer.

Nos resulta muy extraño que nos acusen de esencialismo cuando creemos exactamente lo contrario. El género es construido socialmente desde la raíz, y esas raíces son mojadas en la sangre de las mujeres. Nuestro objetivo es desmantelarlo. Si el género es producto de nuestra biología, eso no sería posible. Rechazamos la idea de un cerebro femenino tan firmemente como rechazamos la idea de un “cerebro de Negro.”[2] Y nunca aceptaremos que la feminidad es natural a las mujeres. Se trata de manifestaciones de sumisión creada por traumas y demandada de todos los grupos oprimidos en una jerarquía social. Nos negamos a someternos y alentamos a las mujeres del mundo a resistir.

Lecturas complementarias:

Delusions of Gender: How Our Minds, Society, and Neurosexism Create Difference (Ilusiones del Género: Cómo Nuestra Mentes, Sociedad y Neurosexismo Crean la Diferencia) por Cordelia Fine

Brainstorm: The Flaws in the Science of Sex Differences (Confusión: Los Errores en la Ciencia de las Diferencias de Sexo) por Rebecca Jordan-Young.

The Emperor’s New Penis (El Pene Nuevo del Emperador) por Lierre Keith and Derrick Jensen

¿No estás reafirmando el género cuando creas espacios sólo para mujeres?

No, estamos reconociendo al género y sus terribles daños cuando creamos espacios sólo para mujeres. Estamos luchando contra el género, con sus demandas de sumisión femenina y su afirmación de que las mujeres existen para cuidar de los hombres.

El género es social y políticamente muy real y muy letal. Es la estructura de la opresión de las mujeres. Fingir individualmente “ceguera de género” no hará que el género se vaya: sólo la acción de radicales en una amplia escala política puede lograr esto. El género no es cualquier construcción social, sino una construcción social específicamente diseñada para privilegiar una clase (hombres) a expensas de otra clase (mujeres).

Actuar como si el género no existiese no puede contrarrestarlo: al contrario, sólo ayuda a enmascarar un sistema de poder opresivo. Nadie sugeriría que la clase trabajadora puede luchar contra el capitalismo mediante el abandono de su conciencia de clase. Del mismo modo, las personas de color durante mucho tiempo han sido firmes de que la “ceguera racial” sólo sirve al proyecto de supremacía blanca ocultando la existencia de relaciones raciales opresivas. Siendo conscientes de su condición grupal, mujeres y hombres pueden seguir siendo conscientes de su propia opresión o privilegio relativo, que es necesario cuando combaten sistemas de poder opresivos.

La creación de espacios sólo para mujeres asegura que las mujeres en nuestra organización tengan un espacio liberador para trabajar, organizarse y conectarse, sin el impacto negativo de hombres. Todas las personas oprimidas necesitan su propio espacio para sentir algunos momentos de libertad, crear comunidad y superar el comportamiento sumiso y de auto odio. Todas las personas oprimidas tienen el derecho de dibujar sus límites, incluyendo las mujeres. DGR está comprometido a defender el derecho de las mujeres de definir nuestro propio espacio.

¿De qué manera hay una intersección entre el feminismo radical y la lucha racial y de clase?

Alice Walker, Audre Lorde, y Barbara Smith, entre otras, son parte integral de la Segunda Ola de la teoría feminista radical. Muchas mujeres de color y mujeres pobres/clase trabajadora se aseguraron de que las problemáticas de raza y clase se combatieran de un modo que anteriormente no había sido abordado por la Izquierda. Eso fue esencial, dado que algunas feministas individuales y grupos de la Segunda Ola que contribuyeron a la teoría y práctica feminista radical no eran conscientes de sus privilegios de raza y clase, que enajenan a las mujeres de color y de clase trabajadora del movimiento. Las mujeres mencionadas anteriormente se aseguraron de que estos sistemas de opresión entrelazados fuesen reconocidos y subrayados.

Los sádicos sistemas de racismo tienen una intersección con el clasismo y con el patriarcado. Todas las mujeres son oprimidas por ser mujeres, pero ésta opresión toma diferentes formas y grados de severidad al lado de las líneas de raza y clase. El estatus de casta sexual de las mujeres como clase no anula las diferencias en la experiencia entre mujeres de diferentes clases raciales y económicas. Blancas, clase media/alta, y otras mujeres privilegiadas tienen la responsabilidad de probarse a sí mismas como aliadas de las mujeres de color. Sólo después de establecer esta confianza y solidaridad las mujeres serán capaces de organizarse de manera colectiva para derrocar al poder masculino.

Si el feminismo radical afirma que los transexuales nacidos varones aún mantienen el privilegio masculino, ¿cómo se explica la violencia dirigida hacia ellos?

Todos los varones biológicos se benefician del patriarcado. Ninguna identidad o estado emocional interno puede cambiar la realidad material de esos beneficios. Sólo cambiando las condiciones materiales—finalizando al patriarcado—pueden terminar esos beneficios.

Habiendo dicho eso, las personas que no se ajustan a los estereotipos de género enfrentan riesgos. Son odiados debido a que son prueba de que el género no es natural. Por obvias razones, todos los sistemas de poder deben naturalizar sus jerarquías. Es mucho más difícil luchar contra un orden social que ha sido creado por Dios, la naturaleza, o la evolución. La supremacía masculina reclama que la masculinidad y la feminidad son biológicamente o incluso cósmicamente reales. Las mujeres que resisten la feminidad y los hombres que rechazan a la masculinidad son una prueba viviente de que el patriarcado no es inevitable. Pueden incluso servir como inspiración al resto de nosotras para realizar una feroz huelga a la fábrica de género. Tales personas pueden, por supuesto, ser castigadas con la ridiculización, la censura, e incluso la violencia.

Pero todas las mujeres están sometidas al ridículo, censura, y violencia de los hombres. Las mujeres que se ajustan a la feminidad son castigadas y las mujeres que la resisten también son castigadas. Estadísticas globales sobre violencia masculina muestran claramente como hombres brutales castigan a mujeres por el simple pecado de ser mujeres. Cualquiera de los caminos–resistencia o conformidad–lleva potencialmente a la violación, tortura, y asesinato. Andrea Dworkin le llama a esto “la barricada de terrorismo sexual.”[3] Todas las mujeres vivimos en su interior, sin importar si resistimos o hacemos lo posible para ajustarnos. Nada de lo que hagamos individualmente nos va a liberar. No hay otra opción excepto destruir la barricada, ladrillo por ladrillo.

El género existe porque las personas en la cúspide—los hombres—necesitan saber quién cuenta como humano y quién es un objeto, una cosa para ser usada. Esto debe hacerse muy evidente, tanto ideológicamente como visualmente. Es por eso que los judíos fueron forzados a vestir una estrella amarilla—debían ser visualmente demarcados como subhumanos. Es por eso que la ropa de mujeres y hombres es tan diferente. Hasta épocas recientes en las sociedades occidentales, era ilegal para las mujeres vestir ropas masculinas.[4] En Irán, no es sólo ilegal que un peluquero le de un corte de cabello “de varón” a una mujer: es penado con la muerte. La demarcación visual es crucial para la demarcación ideológica de humanos y no humanos, sujetos y objetos, personas y cosas. Las vestimentas de mujer tanto nos anuncian como sexualmente accesibles como restringen nuestro movimiento: existimos para ser usadas y, por si tenemos otras ideas, no podremos escapar.

Al centro de todo esto está la violación. Como Catharine MacKinnon expresó de manera sucinta, “Los hombres follan mujeres; sujeto verbo objeto.”[5] Los hombres necesitan saber quién entra en la categoría de objeto follable. Necesitan que esa categoría sea absoluta porque necesitan saber que ellos que nunca entrarán en ella. Conocen muy bien el sadismo que han construido en torno a su sexualidad. Éste es el trato que hacen unos a otros: no me hagas eso a mí, házlo a ella.

Las personas que no se ajustan al género son un estorbo en sus obras. Si los hombres no pueden decir quién es un hombre y quién una mujer, ¿cómo sabrán quién es humano y a quién pueden usar, a quién pueden follar? Ésta es la razón del por qué la homofobia surge de la misoginia. La división entre humano-sujeto y objeto-follable debe ser absoluta para mantener a los hombres—hombres reales—a salvo de unos de otros, física e ideológicamente.

Ése es el por qué las personas que no se ajustan visualmente a las demandas del género son castigadas tan brutalmente por los hombres. Los hombres investidos en la masculinidad están aterrados ante la posible confusión. No pueden tener el más mínimo indicio de “homosexualismo” en sí mismos, y la idea de que algunos hombres pueden terminar en la categoría de objeto-follable les horroriza. Su miedo está basado en una evaluación muy real del sadismo sexual masculino y los interminables castigos impuestos a los objetos-follables. Así que los hombres que no se ajustan deben ser castigados hasta que lo hagan, para mantener a todos los hombres a salvo.

El único modo de detener esto es desmantelando la supremacía masculina. Nadie debe pertenecer a la categoría de objeto-follable: ninguna mujer, ningún hombre gay, ninguna persona que no se ajuste por cualquier razón. La socialización que crea al género—la violencia y violación que hombres y chicos perpetran a niñas y mujeres—debe terminar, y el poder que demanda la existencia del género debe ser superada. Cuando eso suceda, el patriarcado habrá terminado y el concepto de género no tendrá ningún significado.

¿Qué hay de los dos espíritus u otros terceros géneros indígenas?

Las personas no indígenas no tienen derecho de dar una opinión en ese asunto.

¿Qué hay acerca de los infantes que se identifican con el otro sexo o género del que no fueron asignados desde edad temprana?

Esos infantes simplemente actúan como son. Si el patriarcado y su camisa de fuerza genérica no existiesen, nadie se haría esa pregunta. Es increíblemente frustrante que en estos tiempos todavía debemos argumentar que esta bien que las niñas jueguen brusco y que los niños jueguen a disfrazarse, en la infancia y por el resto de sus vidas si quieren.

El problema es el género, no los infantes, y definitivamente no los cuerpos de los infantes. Ahora mismo hay una presión aterradora para medicalizar a infantes no ajustados, incluyendo “tratamientos” con drogas experimentales y peligrosas. Es profundamente regresivo alterar a infantes química y quirúrgicamente para conseguir que se ajusten a caricaturas de género. Y algunos de los infantes a los cuales se les han realizado estos experimentos ya han presentado remordimiento. (Ver enlaces más abajo.)

De hecho, investigaciones muestran que la mayoría de los infantes que tienen síntomas de “disforia de género”, al no ser “tratados” con alguna forma de intervención médica, crecen para ser adultos felices, sanos y sin disforia de género, la mayoría de los cuales son gay o lesbianas.[6] Lo que sí está sucediendo es la supresión médica de la juventud gay y lesbiana. Debemos estar muy preocupados de esta tendencia social como la versión más reciente de la eugenesia.

Algunas lecturas complementarias:

1. Ria Cooper: Britain’s youngest sex change patient reverses treatment

2. Detransition: A young transman’s story back to womanhood

3. I’m questioning my gender again

4. Leave the Kids Alone

¿El negar la identidad autoproclamada de alguien no es un acto de violencia?

No, es un acto de desacuerdo. Eso es lo que significa vivir en una democracia pluralista. Vamos a estar en desacuerdo, a veces vigorosamente, a veces dolorosamente.

En el transcurso de la vida de las personas, nuestras identidades cambian muchas veces. De hecho, como radicales, nosotros activamente cuestionamos y abandonamos muchas de las identidades en las que hemos sido socializados. Ese es un trabajo tanto sano como necesario.

Nuestro punto es que la identidad no es sacrosanta. Las identidades pueden ser opresivas para nosotros mismos y para otras personas. Un ejemplo puede ser la identidad racializada de las personas blancas como personas blancas. Romper la identificación con la categoría “blanco” no exime a las personas blancas de su privilegio—siguen siendo blancos en un mundo racista—pero es un paso importante para luchar contra el racismo. Por lo que no creemos que haya nada malo en cuestionar nuestra identidad como tal.

Afirmar que el cuestionamiento a la legitimidad del género pueda ser equivalente a negar la existencia de una persona implica que los humanos no pueden existir sin el género. No aceptamos eso. No aceptamos que el género, o cualquier otra opresión, sea inevitable o natural. Podemos hacer algo mejor que el sistema de castas llamado género.

¿Qué hay del bienestar emocional de los hombres que no pueden/no quieren la masculinidad lo suficiente como para que la sociedad les deje solos?

En primer lugar, no es la “sociedad” quien no les deja solos. Son los hombres. Son los hombres quienes cometen crímenes violentos para imponer las normas masculinas en otros hombres.

En segundo lugar, no estarás solo cuando desafíes al poder masculino o cualquier otro poder. Los poderosos tratarán de someter cualquier signo de resistencia para su beneficio. Todo/as debemos llegar a un acuerdo de la mejor manera que podamos. Algunos de nosotros hacemos nuestras vidas personales tan seguras como sea posible y esperamos lo mejor. Otros hacemos de nuestra vida un grito de batalla he intentamos luchar contra el poder hasta el final. Pero esa es una decisión personal.

En tercer lugar, ¡nosotros alentamos a todos los hombres a perder la masculinidad! Es la única esperanza que tiene este planeta. Para el bienestar emocional de los hombres, es mucho mejor negarse a jugar el juego del hombre verdadero.

Pero si ello implica que las mujeres trabajen para cuidar de los hombres, lo rechazamos. Los hombres necesitan cuidarse unos a otros y a sí mismos. Queremos señalar que la cuestión del bienestar emocional de los hombres, es un tema central para demasiadas personas. Nunca nadie—ni una sola vez—nos pregunta acerca del bienestar emocional de las mujeres, o da a entender que el trabajo de los hombres es cuidar de las mujeres, a pesar de que son los hombres quienes cometen violencia.

Los hombres cometen el 95 por ciento de los crímenes violentos y el 98 por ciento de los crímenes sexuales en Estados Unidos. Los hombres necesitan hacer frente a otros hombres. Necesitan detenerse unos a otros de cometer violencia, tanto en contra de los hombres—en guerras interminables, por ejemplo—como en contra de las mujeres.


Notas al pie de página

[1] Dworkin. “Against the Male Flood: Censorship, Pornography, and Equality,” p. 270.

[3] Dworkin, Right-Wing Women, p. 122.

[4] La vestimenta también ha sido legislada por la clase. Esas leyes son llamadas “leyes suntuarias”. Una breve historia aquí.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sumptuary_law

[5] Mackinnon, p. 124.

[6] Zucker.

Bibliografía

Dworkin, Andrea. “Against the Male Flood: Censorship, Pornography, and Equality,” in Letters from a War Zone, (New York, E.P. Dutton), 1988.

Dworkin, Andrea. Right-Wing Women. New York: Perigee Books, 1978.

MacKinnon, Catharine A. Towards a Feminist Theory of the State. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1989.

Zucker, KJ. Gender identity development and issues. Child Adolescent Psychiatric Clinics North America 2004, 13: 551-568.

Lecturas Complementarias

http://www.troubleandstrife.org/new-articles/brain-wars/

Fine, Cordelia. Delusions of Gender: How Our Minds, Society, and Neurosexism Create Difference. New York: W. W. Norton & Co., 2010.

Jeffreys, Sheila. Beauty and Misogyny: Harmful Cultural Practices in the West. London: Routledge, 2003.

Jeffreys, Sheila. Unpacking Queer Politics. Camrbridge, UK: Polity Press, 2003.

Jordan-Young, Rebecca M. Brainstorm: The Flaws in the Science of Sex Differences.Cambridge, MA: Harvard University Press, 2010

Smedley, Audrey. Race in North America. Boulder, CO: Westview Press, 2007.